Dependiendo de la duración e intensidad de las rutinas de ejercicios, la actividad física produce cambios corporales de tipo muscular, circulatorio, celular y metabólico.

En el primer nivel de atención de la salud, la prescripción de actividad física contribuye a evitar la aparición de enfermedades promoviendo corregir la condición física de las personas con el objetivo de mejorar la aptitud cardiorespiratoria, la fuerza y resistencia muscular, la flexibilidad, la composición corporal y la aptitud neuromotora.

A nivel cardiovascular, en el inicio del ejercicio, el corazón comienza a acelerarse, mejorando el transporte y oxigenación del organismo. En personas hipertensas, ciertas rutinas de ejercicios favorecen la reducción de los valores de presión arterial, a la vez que previene enfermedades como diabetes y colabora en los tratamientos mejorando la respuesta a la insulina. Asimismo, las rutinas aeróbicas producen efectos favorables sobre el colesterol.

Durante el entrenamiento además se producen adaptaciones en el sistema respiratorio aumentando el volumen y la capacidad pulmonar que, consecuentemente produce lo que se denomina “una economía ventilatoria”, es decir la persona respira de manera más eficaz que si fuera sedentaria.

Es importante aclarar que la prescripción es individual, con un profundo conocimiento de la persona y sus capacidades para la correcta formulación de objetivos y selección de técnicas u ejercicios acordes a su estado físico general. La propuesta inicial debe modificarse paulatinamente, ir aumentando la carga e intensidad y la complejización de los ejercicios a medida que pasa el tiempo, sin interrumpir los procesos.

Fuente: Ministerio de Salud de la Nación http://www.msal.gob.ar/

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